Una chica inocente. Solo para mayores.
Una chica vivía en este pueblo donde estudiaba asuntos sociales; esto fue en Jaén.
Son casas ya muy viejas, pero se vivía bien.
Años atrás también vivieron muchos estudiantes y nunca pasó nada.
Pero esta vez un chico entraba por las noches, pues tenía unas copias de llaves de cuando él estudiaba.
La chica que aquí vivía se llamaba Rosaura y enfrente había otra chica que se llamaba Laura, y eran las dos del mismo instituto, pero de clases distintas.
Bueno, todo fue bien durante algunos meses, pues un día en el recreo Laura se acercó a Rosaura y se presentó. Le dijo que era vecina suya y entablaron mucha amistad.
Ya iban y venían las dos juntas y a veces una se quedaba en casa de la otra y estudiaban; incluso durmieron juntas las dos, pues ya eran casi como hermanas.
Una noche Laura se levantó a hacer un pis, y ella no encendía las luces, pues había mucha claridad a través de la ventana por una farola que estaba muy cerca.
Esa noche, por casualidad, miró hacia la calle y vio que este chico entraba sigilosamente a la casa de Rosaura.
Cuando en la mañana esperaba a Rosaura, esa mañana la vio con mala cara y le preguntó: ¿Estás bien?
Rosaura le dijo que no, que tenía molestias ahí abajo, además de picores.
Laura le dijo: "Tú tienes relaciones sexuales con un chico, ¿verdad?".
Yo no, para nada, pues por las noches entra un chico a tu casa.
Anda ya, mujer, ¿cómo va a ser eso? O lo has soñado o te has equivocado de casa.
Bueno, pues deberías ir a un ginecólogo a ver qué te pasa.
Pues sí, hoy pediré cita.
Y así lo hizo.
Le hicieron unas pruebas y a la semana siguiente les darían los resultados.
¿Cómo fue? La doctora le dijo: Chica, ¿tienes infección en la vagina por no tomar precauciones en tus relaciones sexuales con tu chico?
Ella contestó: "¿Sí, yo no me acuesto con nadie?"
Pues, chica, aquí se ve que tu vagina está lascivamente dilatada, así que tú verás, o te metes cosas raras, no sé.
Esta chica ya no preguntó más, pues ya se dio cuenta de lo que le dijo su amiga. Se marchó a casa y se lo contó todo a Laura.
Laura le dijo: "Ese hijo de puta te está violando de algún modo".
Así que entre las dos decidieron investigar el caso.
Compraron dos cámaras de esas invisibles y las escondieron en su dormitorio.
Y otra en la cocina que daba al pasillo de la entrada de la casa.
Al día siguiente, este volvió a entrar por la mañana cuando ellas estaban en el instituto; cogía un pequeño bote que tenía escondido detrás de los botes de aliños. Y contaminaba los vasos con un producto que la hacía dormir y no se enteraría de nada.
Esa misma noche entró y, sacándose su atributo que la tenía bien gorda, la destapó y la penetró una y otra vez hasta correrse. Pero nunca lo hacía dentro. Después de sacarla, antes para no dejar rastro, la limpiaba un poco.
Se largaba este antídoto que usaba; lo guardaba en la despensa de ella, otra vez detrás de unos botes de aliños.
Cuando en esa misma mañana vieron las grabaciones, vieron la tranca del tío y de ahí entendía ella que le doliera su cosa.
Este chico vivía dos casas más abajo.
Y entre las dos, idearon un plan para vengarse.
Cojieron su antídoto; por el patio entraron, cuando él no estaba.
Echaron todo el antídoto en un vaso y lo fueron echando de vaso en vaso hasta contaminarlos todos.
Lo vigilaron y cuando vino al mediodía, se bebió varios vasos de agua y se sentó. En la salita, ellas vigilaban por la ventana; este cayó redondo al suelo y después entraron las dos.
Lo sentaron en la silla, poniéndolo en pelota como lo parió su madre. Pero bien amarradito para que no pudiera soltarse.
A las dos horas despertó y quiso sortearse, pero no podía; ellas dos estaban sentadas en el sofá esperándolo.
Vaya, conque tú eres mi violador; en.
Él tenía la boca tapada con un pañuelo.
Él forcejeaba mucho; ella cogió el móvil y lo encendió, se lo puso para que lo viera mientras Laura se la meneaba hasta ponérsela bien dura, y entonces Rosaura cogió unas tijeras de estas de podar, que son curvas; eso cortaba hasta el acero y, sin más, por debajo de sus pelotas, cortó y cortó hasta quedarse con todo el paquete en sus manos.
Este se desmayó y allí lo dejaron que se desangraba seguro, pues era un gran caño de sangre el que salía.
Se llevaron el paquete y en su casa, ellas dos lo enterraron en una gran maceta de hortensias que allí tenía.
Ya no se supo nada de él, ni ellas comentaron jamás este acontecimiento. A los cuatro días denunciaron que olía muy mal por esas ventanas.
La policía llegó y la funeraria también. Se lo llevaron ellas; antes de salir de esa casa, se llevaron el manojo de llaves que esta tenía en los pantalones.
Por más que la policía investigó, no sacaron nada en limpio, sino que pudo ser un ajuste de cuentas con alguna chica o chico que, por supuesto, las había tenido. Nadie encontró ni una sola huella allí dentro.
Caso cerrado.
de Enrique Nieto Rubio
Derechos reservados.
En relatos cortos.






















